Hay quien piensa que no pasa de anécdota la represión de una manifestación de estudiantes con evidente exceso de violencia por parte de la policía. No estoy de acuerdo. Ha habido clamorosos errores en la actuación de las fuerzas de seguridad durante los hechos ocurridos en Valencia. Tales errores son imputables a las autoridades gubernamentales implicadas. Eso es lo relevante políticamente, por más que ciertos comportamientos individuales redunden en la gravedad de lo ocurrido. Pero tampoco esa consideración que califica de erradas ciertas decisiones agota el significado de lo sucedido. En la movilización de cientos de miles de ciudadanos en otras ciudades de España en solidaridad con los estudiantes valencianos hay más que la denuncia de un desacierto. ¿Qué trasluce de esa conciencia ciudadana que se ha expresado con libros frente a porras –podemos preguntarnos a modo de “interrogante desestabilizador”, siguiendo la sugerencia de Sousa Santos-?
Ahora han sido estudiantes protestando por los efectos de recortes en educación; mañana serán parados de larga duración o trabajadores expeditivamente despedidos a tenor de la reforma laboral diseñada por un gobierno empapado de neoliberalismo que, invocando la lucha contra la crisis y la disminución del déficit, dinamita el pacto social vigente desde la Constitución. Deberíamos saber que el desarrollo del capitalismo comporta violencia y se debería tener presente que romper los cauces por donde esa violencia fue refrenada puede traer consecuencias desastrosas para la convivencia social. Un gobierno en cuyas actuaciones se entrelazan arrogancia e impotencia puede no ver el grado en que con sus medidas incrementa la violencia de un sistema hoy sin contrapesos suficientes para contenerla. La ciudadanía que pacíficamente sale a la calle está advirtiendo que las reacciones a la violencia sistémica pueden ser tan impredecibles como impetuosas. Y envía, con el lenguaje cifrado de sus gestos, el mensaje de que no se pueden prevenir los incendios regando el campo con gasolina.
(Publicado en el diario Granada Hoy el 23 de febrero de 2012)